Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Un día de invierno, que hacía mucho frío, la aventura llevó a Lanzarote, en calzas y en camisa, que estaba completamente rota, a un pabellón que había plantado en una pradera, dentro del cual estaba acostado un caballero con una doncella; delante colgaba de una estaca un escudo blanco, y junto a él había una lanza y una espada. Lanzarote se dirigió hacia allí, miró el escudo, tomó la espada y la sacó de la vaina. A continuación empieza a dar grandes golpes en el escudo y a hacer tal ruido como si diez caballeros estuvieran combatiendo: destroza el escudo y lo estropea como quien no sabe lo que hace. Con este ruido y tumulto, salió del pabellón un enano que al verlo destrozando y estropeando el escudo intenta quitarle la espada sin pensar que estuviera tan enloquecido como estaba: se dirige a él y lo sujeta por el puño, tirando con toda la fuerza, pero por más que quiso no pudo quitársela. Lanzarote, que estaba enloquecido, se enfada y lo sujeta por los hombros, arrojándolo al suelo con tanta fuerza que por poco no le rompe el cuello; pero no le hizo mayor daño, y vuelve a golpear contra el escudo igual que antes.
En el momento en que el enano fue arrojado contra el suelo, sintió tal miedo que empezó a gritar: «¡Ayuda, ayuda!». No tardó mucho en salir un caballero calzado con botas y vestido con escarlata forrada con riqueza. Al ver a su enano, le pregunta qué le ocurre.
—Señor, por poco no me ha matado este diablo.