Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando huían de él, gritaban: «¡Huid! ¡Aquí está el loco!». En poco rato se hablaba tanto de él en el castillo que todos acudían a verlo, y él no permanecía en un sitio, sino que iba de calle en calle, persiguiendo a unos y a otros. Ese día encontró a bastantes que le causaron daño y a muchos que lo golpearon con palos en los hombros y en los brazos, de forma que no podía resistir las molestias que le causaban. Volvió la espalda y se marchó hacia la fortaleza del castillo; entró en ella, sin encontrar a nadie que le impidiera la entrada, pues los servidores del castillo eran muy corteses y afables.
Estaban comiendo en la corte cuando entró; y al verlo llegar, se dieron cuenta de que estaba loco y le hicieron comer y empezaron a llamarlo. Comió bien, pues tenía mucha hambre. Después fue a acostarse al extremo del salón, en unas pieles que encontró. De tal forma permaneció allí mucho tiempo sin que nadie lo reconociera, pues no pensaban que pudiera ser él. Tuvo comida y bebida abundantes y lo vistieron con vestidos viejos los servidores del castillo; por la comodidad y el descanso que allí encontró, mejoró tanto en tan poco tiempo que recuperó algo de su belleza, la fuerza del cuerpo y de sus miembros.