Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Asà le iba rogando Claudás mientras cabalgaban. Llegaron a una iglesia que habÃan visto cerca del camino, a la derecha, que era una ermita. Descabalgan allÃ; el rey jura lo que le habÃa prometido y después lo besa como prueba de buena fe. Asà hicieron las paces y cabalgaron juntos hasta Bourges: grande es la alegrÃa que muestran las gentes de Claudás por él. Al cabo de tres dÃas llegó Patricio, su tÃo, que le contó cómo DorÃn habÃa cometido grandes maldades en la tierra, arrasando ciudades, robando, hiriendo y matando a las gentes.
—Eso me preocupa poco —dice Claudás—, pues tiene razón, porque el hijo de un rey no debe ser impedido si quiere ser generoso, pues los reyes no pueden ser pobres a la hora de dar. He visto tanta generosidad al irme de aquÃ, que no creo que haya nada comparable en todo el mundo; ésa es la más alta virtud que se puede tener, la de ser generoso tanto si se tiene necesidad como si no se tiene, y tal es la generosidad del rey Arturo.