Historia de Merlin
Historia de Merlin —Si de verdad lo crees como dices, ni el diablo, ni el Enemigo podrán causarte ningún daño; te pido y te ruego por todas las cosas que te guardes de caer en la tristeza, que es el mejor albergue para el diablo: por eso debes guardarte de cometer faltas y debes superar las dificultades que te sobrevendrán; cuando estés triste, mi dulce amiga, acude a mà y cuéntamelo todo tal como te ocurra; reconócete culpable ante Nuestro Señor, ante todos los santos y las santas y ante todas las criaturas que creen en Dios; y cada vez que te acuestes y que te levantes, santÃguate con el signo de la cruz en el nombre del Padre y del Hijo y del EspÃritu Santo, y en el nombre de la Cruz en la que padeció muerte por proteger a los pecadores de la muerte en el infierno, frente al diablo.
»Si lo haces asà —continuó el santo hombre—, no tendrás que preocuparte por el Enemigo. Procura que haya claridad en el sitio en donde te acuestes.
De esta forma adoctrina el santo hombre a la doncella, que siente gran miedo de que el diablo la haga caer. Después, regresa a su casa, mostrando gran humildad ante su Creador y ante los pobres de aquella tierra. Los hombres más virtuosos y las mejores mujeres van a verla, y le dicen: