Historia de Merlin
Historia de Merlin A estas palabras contesta otro diciendo: «Éste nos dará la muerte, pues pensamos que valdrá más que nosotros. Acordaos de que los profetas dijeron que el Hijo de Dios vendrÃa a la tierra a salvar a los pecadores, descendientes de Adán y Eva, y que se llevarÃa a cuantos quisiera. Nosotros fuimos a atormentar a los que asà hablaban y los maltratamos más que a todos los otros, aunque hacÃan como si no les molestara en absoluto el daño que les causábamos, y consolaban a los demás pecadores diciéndoles que vendrÃa a la tierra quien los liberarÃa. Asà lo decÃan los profetas, y ahora lo tenemos entre nosotros y nos ha quitado lo que habÃamos conseguido, sin que nadie tuviera derecho a reclamarlo, y nos ha privado de todos los demás sin que sepamos cómo lo ha hecho. ¿No sabes que hace que los laven con agua en su nombre? Lo hacen en nombre del Padre y del Hijo y del EspÃritu Santo, con lo que tendrÃamos que estar seguros de haberlos perdido, y no podemos hacer nada contra ellos si no se acercan a nosotros por sus obras: de tal modo ha reducido nuestro poder que nos lo ha quitado completamente; es más, ha dejado ministros suyos en la tierra, para que los salven aunque hagan obras de las nuestras, si desean arrepentirse y abandonarnos, haciendo lo que sus maestros les ordenen. Los hemos perdido sin remedio. Les ha dado un buen alimento espiritual el que ha venido a la tierra a salvar a los hombres, naciendo de mujer y padeciendo los tormentos del mundo, sin que lo supiéramos, sin pecados de hombre ni de mujer: lo descubrimos y lo hemos tentado de todas las maneras que hemos podido; después de probarlo sin encontrar en él la menor muestra de pecado, se entregó a la muerte para salvar al hombre: mucho debe amarlos quien sufre tan gran pena para quedarse con ellos, quitándonoslos. Y nosotros deberÃamos esforzarnos mucho para evitarlo, y que no se nos prive de nada que sea nuestro en legÃtimo derecho; debemos ingeniárnoslas para obligarles a hacer obras de las nuestras, de forma que no se puedan arrepentir, ni hablar con los que les perdonarÃan».