La Biblia
La Biblia 11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
12 y no por sangre de machos cabrÃos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar SantÃsimo, habiendo obtenido eterna redención.
13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabrÃos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,
14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el EspÃritu eterno se ofreció a sà mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
15 Asà que, por eso es mediador de un nuevo pacto,[a] para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que habÃa bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
16 Porque donde hay testamento,[b] es necesario que intervenga muerte del testador.
17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.
18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre.