La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Después de hacer esta oración y de haber rogado a Nuestro Señor durante un buen rato, se acoda sobre una piedra que estaba ante la cruz. TenÃa ganas de dormir, pues estaba muy cansado del ayuno y del velar y por eso se durmió nada más acodarse sobre el escalón. Cuando estuvo dormido, le pareció que ante él venÃa un hombre rodeado de estrellas y que en su compañÃa habÃa siete reyes y dos caballeros y que llevaba una corona de oro en su cabeza. Al llegar ante Lanzarote se pararon y, adorando a la cruz, hacÃan allà sus oraciones; después de estar un buen rato de rodillas, se sentaron todos y tendiendo las manos hacia el cielo decÃan en voz alta: «Padre de los cielos, ven a visitarnos y danos a cada uno según lo que hemos merecido y admÃtenos en tu casa, en la casa en la que deseamos entrar». Después de decir esto, se callaban todos; entonces Lanzarote miró hacia el cielo y vio abrirse las nubes; de ellas salÃa un hombre con gran compañÃa de ángeles y bajando sobre ellos le daba a cada uno su bendición, los llamaba buenos y leales servidores y les decÃa: «Mi casa está dispuesta para todos vosotros, entrad en la alegrÃa, pues nada os faltará». Después se acercaba al mayor de todos los caballeros y le decÃa: «Vete de aquÃ, pues he perdido todo lo que habÃa puesto en ti; tú no has sido hijo mÃo, sino hijastro; tú no has sido amigo, sino enemigo; te digo que te confundiré si tú no me devuelves mi tesoro». Cuando oyó estas palabras se alejó de los otros doliente y pidiendo piedad, mientras que el hombre le decÃa: «Si quieres te amaré y si tú quieres, te odiaré». Entonces aquél se apartaba de la compañÃa. El hombre que habÃa bajado de los cielos se acercaba al caballero más joven de todos y, convirtiéndolo en león, le daba alas y le decÃa: «Buen hijo, ahora podéis ir por todo el mundo y volar por encima de toda la caballerÃa». Y comenzaba a volar, y sus alas se hacÃan tan grandes y maravillosas que todo el mundo quedaba cubierto con ellas. Después de haber volado tanto rato que todo el mundo lo tenÃa por maravilla, ascendÃa hacia las nubes y el cielo se abrÃa para recibirlo y entraba dentro sin más tardanza.