La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —Buen Señor Dios, socorredme y no me dejéis morir en este momento, que no se me vaya la vida con una tribulación tan grande como ésta me parece.
Entró una compasión muy grande a los tres compañeros cuando vieron al caballero que se encomendaba así a Nuestro Señor. Galaz dice que va a socorrerle.
—Señor —dice Boores—, iré yo, pues no es necesario que os molestéis por un solo caballero.
Él le responde que se lo concede, ya que así lo desea. Boores se acerca a su caballo, monta y les dice:
—Buenos señores, si no vuelvo, no dejéis por mí vuestra búsqueda, antes bien, cuando llegue la mañana tomad cada uno vuestro camino y vagad hasta que Nuestro Señor nos conceda el volvernos a reunir a los tres en la casa del Rey Tullido.
Le dicen que vaya con Nuestro Señor, pues los dos se separarán por la mañana. Boores se aleja y va tras el caballero para socorrer a aquel que así se va encomendando a Nuestro Señor. Aquí se calla la historia por lo que a él se refiere y vuelve a los dos compañeros que quedaron en la capilla.