La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Aquel día permaneció Lanzarote allí muy apenado y entristecido por amor al noble rey que le había hecho muchos honores. La mañana siguiente, después de armarse, montó en su caballo y encomendó a los frailes a Dios, volviendo a tomar su camino. Erró muchas jornadas, según le llevaba la ventura; así llegó a las tumbas en las que las espadas estaban derechas. Tan pronto como vio esto, se dirigió hacia allá a caballo y contempló las tumbas. Después se alejó del lugar y vagó hasta llegar a la corte del rey Arturo, donde todos mostraron una gran alegría nada más verle, pues deseaban mucho que vinieran él y los demás compañeros, de los que habían vuelto muy pocos y los que habían vuelto no habían conseguido nada de la Búsqueda, por lo que estaban muy avergonzados. La historia deja aquí de hablar de todos ellos y vuelve a Galaz, el hijo de Lanzarote del Lago.