La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial Cuando Galaz oye estas palabras, se sienta a la cabecera del rey, le abraza y se lo pone delante porque el anciano deseaba descansar así, éste se inclina hacia él y, abrazándole por el costado, empieza a apretarle diciendo:
—Buen Padre de Jesucristo, ya se ha cumplido mi voluntad. Ahora te pido que vengas a buscarme a este punto en el que estoy, pues no podría morir en un lugar tan agradable y tan a mi gusto a no ser este mismo sitio, pues en esta gran alegría, que he deseado durante tanto tiempo, no hay más que rosas y flores de lis.
En cuanto acabó esta oración a Nuestro Señor, fue evidente que Nuestro Señor había oído su ruego, pues al punto entregó su alma a Aquél a quien había servido durante tanto tiempo y murió entre los brazos de Galaz. Al enterarse los de dentro de estos hechos, vinieron al cuerpo y encontraron que todas las heridas que había soportado tanto, habían sanado: lo tuvieron como gran milagro. Prepararon el cuerpo según convenía a rey y lo enterraron allí mismo.