La busqueda del santo Grial
La busqueda del santo Grial —¡Ay, Galaz, santa criatura! Te veo tan rodeado de ángeles que mi poder no resistirá tu fuerza: te dejo el lugar.
Al oÃr esto, se persigna y da gracias a Nuestro Señor. Levanta la tumba y se ve dentro un cuerpo completamente armado y junto a él una espada y todo lo necesario para armar a un caballero. Cuando lo ve, llama a los frailes y les dice:
—Venid a ver lo que he encontrado y decidme lo que debo hacer, pues estoy dispuesto a hacer más, si es necesario.
Aquéllos se acercan y después de ver el cuerpo en la fosa, le dicen:
—Señor, no hace falta que hagáis nada más de lo que ya habéis hecho, pues el cuerpo que aquà yace no será movido de su lugar, según creemos.
—Sà que lo será —dice el anciano que habÃa mostrado la aventura a Galaz—. Conviene que sea sacado de este cementerio y arrojado fuera, pues esta tierra está bendecida y santificada; por eso, el cuerpo de un falso y mal cristiano no debe permanecer en ella.
Ordena a los siervos que lo saquen de la huesa y lo pongan fuera del cementerio, y asà lo hacen. Galaz dice al buen hombre:
—Señor, ¿he hecho todo lo que debÃa hacer en esta aventura?