La canción de Rolando
La canción de Rolando y con ellos los doce pares que tanto amaba Carlos. Fueron muertos veinte mil combatientes de los de Francia. A todos los demás no les otorgo el valor de un guante. En verdad, regresa el emperador: me lo anunció el sirio, mi mensajero. Diez grandes cuerpos de batalla se encaminan hacia aquí. El que toca el olifante es de gran bravura. Su compañero le responde con un cuerno de sonido claro, y ambos cabalgan los primeros; con ellos van quince mil franceses de los bachilleres que Carlos llama sus hijos. Tras de éstos, otros tantos se aproximan, que muy gallardamente combatirán.
—Un don os pido —dice Malprimís—: ¡otorgadme que sea yo quien dé el primer golpe!
—MALPRIMÍS, hijo mío —responde Baligán—, os concedo lo que me habéis pedido. Al momento acometeréis a los franceses. Llevaréis con vos a Torleu, el rey persa y Dapamor, otro rey leude. Si lográis echar por tierra su inmenso orgullo, os daré una parte de mí reino, desde el Jordán hasta Valmarqués.
—¡Gracias os sean dadas, señor! —responde Malprimís.
Se adelanta, recibe el don, la tierra que fue del rey Florián. En mala hora la acepta: nunca había de verla. Nunca será investido de este feudo ni llegará a poseerlo.
