La canción de Rolando
La canción de Rolando —SEÑORES barones —dice Carlomagno, el rey—; juzgadme a Ganelón según derecho. Él me siguió con el ejército hasta España: me ha arrebatado veinte mil de mis franceses, y mi sobrino, que nunca más veréis, y Oliveros, el esforzado y cortés; ha traicionado a los doce pares por dinero.
Dice Ganelón:
—¡Caiga la deshonra sobre mÃ, si trato de ocultarlo! Rolando me perjudicó en mi oro y en mis bienes, y por eso busqué su muerte y su ruina. Mas no concedo que exista en ello la menor traición.
—Habremos consejo —responden los francos.
ANTE EL rey, permanece erguido Ganelón. Tiene gallardo el cuerpo y de buen color el semblante; si fuera leal, se lo tomarÃa por un caballero. Mira a los de Francia, a todos los jueces y a treinta de sus parientes que responden por él; después grita con voz alta y fuerte:
—¡Por el amor de Dios, barones, escuchadme! Con el ejército, señores, seguà al emperador. Lo servÃa con buena fe y amor. Rolando, su sobrino, me tomó aversión y me condenó a la muerte y al dolor. Fui enviado como mensajero al rey Marsil, mas por mi habilidad logré salvarme. Desafié al valeroso Rolando y a Oliveros, y a todos sus compañeros: Carlos y sus nobles barones escucharon mis palabras. ¡Tomé venganza, mas no traicioné!
