La canción de Rolando
La canción de Rolando BAJO AQUISGRÁN, es muy espaciosa la pradera; allí habrán de enfrentarse los dos barones. Ambos son animosos y de gran denuedo, y sus corceles se muestran ligeros y briosos. Los espolean con fuerza y dejan sueltas las riendas. Con todo ímpetu corren al ataque. Los escudos se rompen y vuelan en pedazos; se desgarran las lorigas, estallan las cinchas. Las monturas resbalan y caen por tierra las sillas. Y cien mil hombres lloran al contemplarlos.
Los DOS caballeros han dado contra el suelo. Prestamente se incorporan sobre sus pies. Pinabel es robusto, ágil y ligero. Se provocan el uno al otro; ya no tienen sus corceles. Con sus espadas guarnecidas de oro puro, se golpean repetidamente los yelmos de acero. Son tan recios los mandobles que terminan por partirlos. Gran angustia oprime a los caballeros franceses. Y Carlos exclama:
—¡Ah, Dios mío! ¡Haced que resplandezca el derecho!
PINABEL dice:
—¡Date por vencido, Thierry! Seré tu vasallo con toda lealtad y todo amor; a tu antojo te colmare de mis riquezas, ¡mas logra un acuerdo entre el rey y Ganelón!
—No tardará mi decisión —responde Thierry—. ¡Quede yo deshonrado si consiento en ello! ¡Que en este día señale Dios el derecho entre nosotros!
