La canción de Rolando

La canción de Rolando

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XXVII

EL CONDE Ganelón se dirige hacia su campamento. Adorna su persona con los mejores aderezos que puede hallar. En sus pies, coloca espuelas de oro y ciñe a su costado su espada Murglés. Monta sobre Techebrún, su corcel, cuyo estribo le sostiene su tío Guinemer. Entonces hubierais visto llorar a muchos caballeros, que se lamentaban:

—¡Lástima grande de vuestro valor! Largo tiempo pertenecisteis a la corte del rey, donde se os tenía por noble vasallo. Ni siquiera Carlos podrá proteger ni salvar al que os señaló para esta misión. No, el conde Rolando no tendría que haber pensado en vos: vuestra estirpe es demasiado ilustre.

Y luego añaden:

—¡Señor, llevadnos con vos!

—¡No lo permita Dios, nuestro Señor! Más vale que yo sólo muera, para que vivan tantos buenos caballeros. A Francia, la dulce, habréis de regresar, señores. Saludad a mi esposa de mi parte, a Pinabel, par y amigo mío y a mi hijo Balduino… Brindadle vuestra ayuda y reconocedlo como vuestro señor —responde Ganelón. Y emprende el camino.

XXVIII

CABALGA Ganelón bajo los altos olivares, hasta dar alcance a los mensajeros sarracenos. Y he aquí que Blancandrín demora largo tiempo a su lado: ambos conversan con gran astucia. Blancandrín exclama:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker