La canción de Rolando
La canción de Rolando —Así será —responde el conde Ganelón. Luego se besan en la cara y en la barba.
—LUEGO SE acerca otro infiel, Climonn. Con faz risueña, le dice a Ganelón:
—Tomad mi yelmo, jamás vi otro más rico, y ayudadnos contra el marqués Rolando, de tal guisa que podamos afrentarlo.
—Así será —responde Ganelón. Y se besan en la boca y la mejilla.
VIENE entonces la reina Abraima, y le dice al conde: —Mucho os aprecio, caballero, pues mi señor y sus hombres os tienen gran afecto. Quiero enviarle a vuestra esposa dos collares: son de oro puro, incrustados de amatistas y jacintos; valen más que todas las riquezas de Roma, nunca los poseyó tan bellos vuestro emperador. El conde los toma y los guarda en su faldriquera.
EL REY llama a Malduit, su tesorero, y le pregunta:
—¿Están preparados ya los presentes para Carlos?
—Sí, señor —responde—, de inmejorable manera: setecientos camellos cargados de oro y plata y veinte rehenes, de los más nobles que existen bajo el firmamento.
MARSIL posa su mano en el hombro de Ganelón, diciendo le:
