La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Dios os salve! —le dice al rey—. He aquà las llaves de Zaragoza, y un espléndido tesoro, y veinte rehenes: ponedlos a buen recaudo. El valeroso rey Marsil me ha mandado deciros que si no os entrega al califa, no debéis por ello censurarlo, pues con mis propios ojos he visto cuatrocientos mil hombres en armas, cubiertos con sus cotas y llevando muchos de ellos el yelmo atado y ceñidas las espadas con pomo de oro nielado, que acompañaban al califa allende el mar. HuÃan de Marsil a causa de la ley cristiana que no deseaban recibir ni guardar. No se habÃan alejado cuatro leguas de la costa, cuando los sorprendieron el viento y la tormenta: todos perecieron ahogados, no volveréis a ver ninguno de ellos. De hallarse vivo el califa, yo os lo hubiera traÃdo. En cuanto al rey sarraceno, tened por cierto, señor, que no veréis tocar a su fin este primer mes sin que él os haya dado alcance en el reino de Francia: recibirá la ley que vos observáis; juntas las manos, se convertirá en vuestro vasallo; por vuestra voluntad aceptará el reino de España.
—¡Alabado sea Dios! —exclama el rey—. Ya que tan bien me habéis servido, obtendréis gran recompensa.
A través del ejército, resuenan mil clarines. Los francos alzan el campamento, cargan los mulos y se encaminan hacia Francia, la dulce.