La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Nada temáis! Más vale Mahoma que San Pedro de Roma: si vos lo servís, vuestro ha de quedar el honor del campo. Iré a buscar a Rolando en Roncesvalles; nadie podrá valerle para evitar la muerte. Ved cuan buena y larga es mi espada: quiero esgrimirla contra Durandarte. ¿Cuál de las dos habrá de vencer? Pronto tendréis nuevas de ello. Perecerán los franceses, si contra nosotros emprenden la lucha. Dolor y afrenta alcanzarán a Carlos el Viejo. Nunca más llevará corona en esta tierra.
LLEGA DE otro lugar Escremis de Valtierra. Es sarraceno y Valtierra es su feudo. Entre la multitud, su voz clama ante Marsil:
—Para afrentar el orgullo, iré yo a Roncesvalles. Si hallo a Rolando, habrá de perder allí mismo su cabeza, e igual sucederá a Oliveros, el que manda entre los demás. La muerte ha marcado ya a los doce pares. Perecerán todos los franceses y Francia quedará vacía. No quedarán ya buenos vasallos para servir a Carlos.
Y HE AQUÍ que se aproximan por otro costado dos sarracenos: Estorgán y su compañero Estramariz, ambos villanos y traidores reconocidos. A ellos se dirige Marsil:
—¡Señores, avanzad! Iréis a Roncesvalles, cruzando los desfiladeros, y ayudaréis a conducir mis mesnadas.
