La canción de Rolando
La canción de Rolando —¡Vencido está, el hijo de siervo! ¡Oliveros, hermano mÃo, tales lances me son gratos!
LA BATALLA se ha tornado encarnizada. Francos y sarracenos cambian golpes que es maravilla verlos. El uno ataca y el otro se defiende. ¡Tantas astas se han roto, ensangrentadas! ¡Tantos gonfalones yacen desgarrados y tantas enseñas! ¡Son tantos los buenos franceses que han perdido sus jóvenes vidas! Jamás volverán a ver a sus madres ni a sus esposas, ni a las huestes de Francia que los aguardan en los desfiladeros. Llorará por ello, y gemirá Carlomagno; mas ¿de qué le valdrán sus lamentaciones? Nadie podrá socorrerlos. Mala faena le hizo Ganelón, el dÃa en que se fue a Zaragoza para vender a sus fieles. Por haber llevado a cabo tal acción, perdió los miembros de su cuerpo y aun la vida en Aquisgrán, donde fue juzgado y condenado a la horca, pereciendo con él treinta de sus parientes que no se esperaban esta muerte.
