La canción de Rolando
La canción de Rolando OLIVEROS siente que está herido de muerte. Enarbola a Altaclara, de bruñido acero y golpea a Marganice sobre el yelmo puntiagudo, de oro todo él. Hace saltar por tierra sus florones y sus cristales y le parte la cabeza hasta los dientes. Sacude la hoja en la herida y lo derriba muerto, diciéndole:
—¡Maldito seas, infiel! No digo que Carlos nada haya perdido; pero al menos no podrás retornar a tu reino para vanagloriarte ante ninguna mujer o dama de haberme despojado de un mal ochavo ni de haber causado perjuicio a mÃ, ni a nadie en el mundo.
Después llama a Rolando para que le preste ayuda.
SIENTE Oliveros que lo han herido de muerte. Nunca llevará a cabo venganza suficiente. En lo más compacto de la turba, acomete como verdadero barón. Hace pedazos escudos y picas, pies y puños, monturas y espinazos. Quien lo hubiera visto descuartizar infieles, amontonar los muertos sobre los muertos, tendrÃa memoria de un buen caballero. No hay cuidado de que olvide la contraseña de Carlos y lanza su grito, alto y claro:
—¡Montjoie!
Luego llama a Rolando, su par y amigo: y le dice:
—Señor compañero, venid a mi lado, muy cerca, ¡con gran dolor habremos de separarnos en este dÃa!
