La canción de Rolando
La canción de Rolando PARTE Rolando. A través del campo se encamina, solo. Por valles y montes va buscando. [Halla entonces a Ivon e Ivores, y luego a Angeleros, el Gascón.] Después encuentra a GarÃn y a su compañero Gerer, y también a Berenguer y a Otón. Descubre allà a AnseÃs y a Sansón, y más tarde halla a Gerardo el Viejo, de Rosellón. Uno a uno los alza en sus brazos, el esforzado, y cargado con ellos regresa junto al arzobispo. Ante sus rodillas los ha alineado. Prorrumpe en llanto TurpÃn, no puede contenerse. Levanta la mano para bendecirlos y les dice luego:
—¡Lástima de vosotros, señores! ¡Que Dios, el glorioso acoja todas vuestras almas! ¡Que las recueste en el paraÃso sobre las flores santas! ¡Cuán angustiosa, a mi vez, se me presenta la muerte! Nunca más verán mis ojos al poderoso emperador.
PARTE nuevamente Rolando, recorriendo el campo en sus búsquedas. Encuentra a su compañero Oliveros y lo estrecha contra su pecho, fuertemente abrazado. Como puede, regresa junto al arzobispo. Recuesta a Oliveros al lado de los demás, sobre un escudo, y el arzobispo lo absuelve, trazando sobre él la señal de la cruz. Redoblan entonces el dolor y la piedad, y exclama Rolando:
