La historia de Simbad el marino
La historia de Simbad el marino ¡Suele ocurrir que un desgraciado sin albergue se despierte de pronto a la sombra de un palacio creado por su destino! ¡Pero ay, yo cada mañana me despierto más miserable que la vÃspera!
¡Por instantes aumenta mi infortunio, como la carga que a mi espalda pesa fatigosa, en tanto que otros viven dichosos y contentos en el seno de los bienes que la suerte les prodiga!
¿Cargó nunca el Destino la espalda de un hombre con carga parecida a la aguantada por mi espalda...? ¡Sin embargo, no dejan de ser mis semejantes otros que están ahÃtos de honores y reposo!
¡Y aunque no dejan de ser mis semejantes, entre ellos y yo, puso la suerte alguna diferencia, pareciéndome yo a ellos como el vinagre amargo y rancio se parece al vino!
¡Pero no pienses que te acuso en lo más mÃnimo, oh mi Señor, porque nunca haya gozado yo de tu largueza! ¡Eres grande, magnánimo y justo, y bien sé que juzgas con sabidurÃa!
Al concluir de cantar tales versos, Simbad el Cargador se levantó y quiso poner de nuevo la carga en su cabeza, continuando su camino, cuando se destacó en la puerta del palacio y avanzó hacia él un esclavito de semblante gentil, de formas delicadas y vestiduras muy hermosas, que, cogiéndole de la mano, le dijo:
"Entra a hablar con mi amo, que desea verte".
