La leyenda de Yurupary
La leyenda de Yurupary »—Hermoso joven, ya que te condueles de mi desgracia, sería una mujer despiadada si rehusara lo que me ofreces; desde este momento soy tuya, puedes llevarme contigo, que seré tu compañera hasta que la muerte nos separe. Pero te pido una cosa: nunca me preguntes qué motivos me trajeron aquí.
»—Te prometo no preguntarte jamás lo que te condujo a este lugar, pues no serías la única en sufrir el veneno de nuevas heridas.
»Levántate y vamos a mi maloca donde encontrarás hombres de quienes eres ya señora.
»Y cuando cruzaban las corrientes del Dianumion, el joven pidió a la muchacha que se detuviera y que machacara las hojas de una hierba que le ofreció, para que con ella se frotara todo el cuerpo, y que luego se zambullese en las aguas.
»Y ella hizo como se le dijo, y cuando salió del baño se había convertido en iacamy, como eran todos los compañeros de él.
»La muchacha había entrado a hacer parte de la tribu de los iacamy.
»Algunas lunas más tarde Dinari (éste era el nombre de la joven) sintió en sus entrañas que estaba próxima a ser madre, y se lo reveló a su marido.
»Se pusieron de inmediato a hacer un nido para depositar los huevos, y Dinari estaba contenta porque ya creía ver a su alrededor a sus peludos pichones.