La muerte del Rey Arturo
La muerte del Rey Arturo 7. El rey Arturo pensó mucho aquella noche en lo que Agraváin le había dicho, pero en su corazón no le dio gran importancia, pues en modo alguno creyó que aquello fuese verdad. Por la mañana se preparó para ir al torneo, invitando a una gran cantidad dé sus caballeros para que le acompañaran. La reina le dijo: «Señor, yo iría gustosamente a ver esta reunión, si así lo quisierais; mucho me agradaría ir, pues he oído decir que habrá hechos de armas muy dignos. —Señora, le dice el rey, no iréis esta vez». Ella se calló al punto. Él quería que se quedara para demostrar la mentira de Agraváin.
8. Cuando el rey con sus compañeros se puso en marcha para ir al torneo, hablaron mucho entre ellos de Lanzarote y dijeron que no iría a aquel encuentro. Lanzarote, tan pronto como supo que el rey había iniciado el camino con todos los que habían de ir a Wincester, se levantó de la cama, se preparó y fue a la reina, a la que le dijo: «Señora, si lo aceptáis, iré al torneo». Ella preguntó: «¿Por qué os habéis quedado tanto tiempo más que los otros? —Señora, le respondió, porque deseaba ir completamente solo y llegar al torneo de tal forma que no fuera reconocido por propios ni extraños. —Id pues, le dijo, si queréis; yo lo acepto complacida». Lanzarote se aleja de allí, vuelve a su morada y en ella permanece hasta la noche.