La muerte del Rey Arturo
La muerte del Rey Arturo 3. El rey había oído contar que Galván había matado a varios; le hizo venir ante él y le dijo: «Galván, por el juramento que me hicisteis cuando os nombré caballero, os requiero para que me contestéis a lo que os voy a preguntar. —Señor, le contestó Galván, me habéis conjurado de tal forma que de ninguna manera dejaré de contestaros aunque en ello fuera para mí la mayor vergüenza que nunca haya tenido un caballero de vuestra corte. —Ahora os pregunto, le dijo el rey, ¿cuántos caballeros creéis haber matado con vuestra propia mano en esta Demanda?». Galván piensa un momento, y el rey insiste: «Por mi cabeza, lo quiero saber, pues algunos van diciendo que habéis matado a tantos que es digno de admiración. —Señor, le responde Galván, vos queréis estar seguro de mi gran maldad; os contestaré, pues me doy cuenta que conviene hacerlo. Os confieso que he matado con mi propia mano a dieciocho, y no porque no fuera mejor caballero que los demás, sino porque la maldad se volvía más hacia mi lado que hacia el de cualquiera de mis compañeros. Y sabed que no ha sido por mi valentía, sino por mis pecados; ya me habéis hecho confesar mi propia vergüenza. —Ciertamente, buen sobrino, le dice el rey, en verdad ha sido una auténtica maldad y bien sé que os ha sucedido por vuestros pecados; pero decidme también si creéis haber matado al rey Bandemagus. —Señor, le contesta, lo maté sin lugar a dudas. No hice ninguna cosa que me pesara tanto como aquello. —Ciertamente, buen sobrino, le dice el rey, no resulta extraño que os pese, pues —así me ayude Dios mi hueste ha empeorado más con su pérdida que con la muerte de los cuatro mejores que hayan muerto en esta Demanda». El rey Arturo dijo tales palabras del rey Bandemagus y por ellas Galván se halló más a disgusto de lo que antes estaba.
