La vida de Lazarillo de Tormes
La vida de Lazarillo de Tormes —¿Qué diablo es esto, que, después que conmigo estás, no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedà hartas veces me pagaban? En ti debe estar esta desdicha.
También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa, porque me tenÃa mandado que, en yéndose el que la mandaba rezar, le tirase por cabo del capuz. Yo asà lo hacÃa. Luego él tornaba a dar voces diciendo:
—¿Mandan rezar tal y tal oración? —como suelen decir.
Usaba poner cabe sà un jarrillo de vino cuando comÃamos, y yo muy de presto le asÃa y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocÃa la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenÃa por el asa asido. Mas no habÃa piedra imán que asà trajese a sà como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenÃa hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y atapábale con la mano, y asà bebÃa seguro.