La vida de Lazarillo de Tormes
La vida de Lazarillo de Tormes —A fe que los ratones y culebras que me destruÃan ya los he cazado.
Y miré por mÃ, y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal.
A esta hora entró una vieja que ensalmaba, y los vecinos. Y comiénzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y, como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:
—Pues ha tornado en su acuerdo, placerá a Dios no será nada.
Ahà tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reÃrlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron demediar. Y asÃ, de poco en poco, a los quince dÃas me levanté y estuve sin peligro (mas no sin hambre) y medio sano.
Luego otro dÃa que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta fuera y, puesto en la calle, dÃjome:
—Lázaro, de hoy más eres tuyo y no mÃo. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañÃa tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego.
Y santiguándose de mÃ, como si yo estuviera endemoniado, tórnase a meter en casa y cierra su puerta.