La vida de Lazarillo de Tormes
La vida de Lazarillo de Tormes —¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es ésta! No hay marco de oro en el mundo por que yo la diese; mas asÃ, ninguna de cuantas Antonio hizo no acertó a ponelle los aceros tan prestos como ésta los tiene.
Y sacóla de la vaina y tentóla con los dedos, diciendo:
—¿La ves aqu� Yo me obligo con ella cercenar un copo de lana.
Y yo dije entre mÃ: «Y yo con mis dientes, aunque no son de acero, un pan de cuatro libras».
Tornóla a meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas del talabarte. Y con un paso sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles meneos, echando el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el brazo, y poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo:
—Lázaro, mira por la casa en tanto que voy a oÃr misa, y haz la cama y ve por la vasija de agua al rÃo, que aquà bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y ponla aquà al quicio porque, si yo viniere en tanto, pueda entrar.
Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o, al menos, camarero que le daba de vestir.