Las babuchas de Abu Kassim
Las babuchas de Abu Kassim –Y, por lo que a mà respecta –le dijo el mercader al marÂcharse–, ¡puedes quedarte con tus apestosas babuchas! Y se las tiró a la cabeza.
Abu Kásim empezó a sollozar.
–¡Todo esto es por culpa vuestra! –les gritó a sus viejas babuchas, que, como es lógico, no se defendieron–. ¡No quieÂro veros nunca más!
Asà que Abu Kásim las lanzó con todas sus fuerzas por enÂcima de la tapia de su jardÃn. Pero el destino quiso que las baÂbuchas fueran a caer sobre una anciana que pasaba por la caÂlle. Como eran dos armatostes de cuidado, la pobre mujer queÂdó tan aplastada como una galleta.
Cuando los familiares de la viejecilla supieron lo ocurrido, corrieron entre llantos e insultos a la calle de Abu Kásim. –¡Asesinos, asesinos!– gritaban.
Al poco rato, llegaron los alguaciles.
–¡Aquà está el arma del delito! –exclamó uno de ellos al descubrir junto a la anciana muerta las babuchas de Abu KáÂsim–. ¡Ese maldito boticario es el asesino!
En aquel preciso instante el tacaño salió de su botica para pedirle a la gente que dejase de alborotar, pues los gritos le impedÃan concentrarse en su trabajo.
––¡Ahà está el criminal! –gritaron los alguaciles.
