Las mil y una noches segun Burton

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El rey Sindibad y su halcón

Se dice (¡pero Alá es omnisciente!)[27] que hubo un rey entre los reyes de Fars muy aficionado a juegos y diversiones, especialmente a las carreras y a la caza. Había criado un halcón al que portaba sobre el puño incluso por las noches y siempre que iba de caza llevaba consigo a esta ave y mandó hacer para él un vasito de oro que llevaba colgado de su cuello para darle de beber. Cierto día en que el rey se hallaba tranquilamente reposando en su palacio, ¡mirad!, su halconero mayor irrumpió ante él y le dijo: «Oh, rey de los tiempos, hoy es un día perfecto para la cetrería». Dio el rey las órdenes precisas y partió llevando al halcón en el puño y marcharon alegremente hasta que llegaron a un wady[28], donde formaron un círculo de redes de caza. Al poco, una gacela fue a caer en las redes y el rey dijo: «A cualquiera que permita que la gacela salte sobre su cabeza y se escape, a ese hombre haré matar sin remedio». Andaban estrechando las redes en torno a la gacela cuando esta surgió junto al lugar en que se hallaba el rey y plantándose sobre sus cuartos traseros inclinó la frente sobre el pecho, como si fuera a besar la tierra delante del rey. Arqueó este sus cejas en señal de reconocimiento al animal, cuando súbitamente dio aquel un gran salto sobre la cabeza del rey y lanzóse camino del desierto. Entonces el rey se volvió hacia su séquito y, al ver que se hacían guiños y le señalaban, preguntó: «Wazir, ¿qué dicen esos hombres?» y el ministro respondió: «Dicen que has proclamado que harías matar a cualquiera que permitiese que la gacela le saltara sobre la cabeza». Dijo el rey: «¡Por vida de mi cabeza! Voy a perseguirla y la traeré de vuelta». Y partió al galope tras las huellas de la gacela y no perdió la senda hasta las estribaciones de una cadena de montañas donde la presa había buscado refugio. Entonces el rey le azuzó al halcón, que al instante la alcanzó, y, abalanzándose sobre ella, le clavó las garras en los ojos, aturdiéndola y cegándola[29], y el rey tomó su mazo y descargó tal golpe que rodó por tierra el animal. Desmontó entonces y, tras degollarla y desollarla, la colgó del pomo de la silla. Era la hora de la siesta[30] y el desnudo terreno aparecía abrasado y reseco y no se veía agua por parte alguna y estaba el rey muy sediento, al igual que su caballo; tras cierta búsqueda en torno, halló un árbol que manaba agua, como si fuera manteca líquida, por sus ramas. Inmediatamente, el rey, que calzaba guantes de piel para protegerse de los tósigos, tomó el vaso del cuello del halcón, lo llenó de agua y lo puso delante del pájaro, y he aquí que el halcón lo golpeó con sus garras y derramó el líquido. El rey lo llenó por segunda vez en el chorro, pensando que el halcón tenía sed; pero inmediatamente el halcón lo golpeó con sus garras y lo volcó; entonces el rey montó en cólera contra el halcón y llenando el vaso por tercera vez se lo ofreció a su caballo; pero el halcón lo volcó con una sacudida de sus alas. El rey dijo: «¡Que Alá te confunda, la más funesta de las cosas que vuelan! Me has impedido beber y te has privado a ti mismo y al caballo». Y dio al halcón un golpe con su espada y le cortó las alas; pero el ave levantó la cabeza y por señas le dijo: «Mira lo que cuelga de ese árbol». El rey alzó la mirada al efecto y alcanzó a ver una camada de víboras, cuyo veneno al gotear había tomado por agua; arrepintióse al instante de haberle cortado las alas a su halcón y montando en su caballo emprendió el regreso con la gacela muerta hasta llegar a su campamento, de donde había partido. Arrojóle su presa al cocinero diciendo: «Toma y ásala», y se sentó en una silla con el halcón aún en el puño, cuando súbitamente el ave dio una boqueada y quedó muerta, al ver lo cual el rey estalló en un llanto de pesar y remordimiento por haber causado la muerte a aquel halcón que le había salvado la vida. Y esto fue lo que le ocurrió al rey Sindibad, y seguro estoy de que si hiciera yo lo que tú deseas habría luego de arrepentirme, al igual que aquel hombre que mató a su papagayo. El wazir dijo: «¿Y cómo fue eso?». Y el rey principió a decir:


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