Lazarillo de Tormes

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[TRACTADO QUINTO]

Cómo Lázaro se asentó con un buldero[402], y de las cosas que con él pasó

En el quinto[403] por mi ventura di, que fue un buldero, el más desenvuelto y desvergonzado, y el mayor echador dellas[404] que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso nadie vio; porque tenía y buscaba modos y maneras y muy sotiles invenciones.

En entrando en los lugares do habían de presentar la bulla, primero presentaba[405] a los clérigos o curas algunas cosillas, no tampoco de mucho valor ni substancia: una lechuga murciana, si era por el tiempo, un par de limas o naranjas, un melocotón, un par de duraznos, cada sendas peras verdiñales[406]. Ansí procuraba tenerlos propicios, porque favoreciesen su negocio y llamasen sus feligreses a tomar la bulla.

Ofreciéndosele a él las gracias, informábase de la suficiencia[407] dellos. Si decían que entendían, no hablaba palabra en latín, por no dar tropezón; mas aprovechábase de un gentil y bien cortado romance[408] y desenvoltísima lengua. E si sabían que los dichos clérigos eran de los reverendos[409] (digo, que más con dineros que con letras y con reverendas se ordenan), hacíase entrellos un Sancto Tomás[410] y hablaba dos horas en latín (a lo menos que lo parescía, aunque no lo era).


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