Lazarillo de Tormes

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[TRACTADO SÉPTIMO]

Cómo Lázaro se asentó con un alguacil, y de lo que le acaesció con él

Despedido del capellán, asenté por hombre de justicia[454] con un alguacil. Mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso; mayormente, que una noche nos corrieron a mí y a mi amo a pedradas y a palos unos retraídos[455]; y a mi amo que esperó, trataron mal, mas a mí no me alcanzaron. Con esto, renegué del trato[456].

Y, pensando en qué modo de vivir haría mi asiento, por tener descanso y ganar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa. Y, con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que procuré: que fue un oficio real[457], viendo que no hay nadie que medre, sino los que le tienen. En el cual el día de hoy vivo y resido a servicio de Dios y de Vuestra Merced. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se venden, y en almonedas[458] y cosas perdidas; acompañar[459] los que padecen persecuciones por justicia y declarar a voces sus delictos: pregonero, hablando en buen romance.


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