Ollantay
Ollantay RUMI-ÑAHUI
El Inca que hoy nuestra nación domina
es un déspota vil, inicuo, avaro,
que entre la sangre vive y la ruina,
no hay perdón para nadie; no hay un cuello
al que no amague su demente encono;
el Cuzco tiembla en brazos del degüello,
y Túpac ríe desde su alto trono.
Nunca se sacia el alma destructora
de ese tirano, horror del universo;
es un sunchu[102] que todo lo devora,
ponzoña esparce su ánimo perverso.
Su depravado corazón medita
una cosa, y ordena lo contrario.
Solo en el mal su espíritu ejercita,
y en cada hombre mira un adversario.
Yo de Hanan-suyo soy el valeroso,
como quizá recuerdas. El Monarca
de mi esfuerzo y auxilio codicioso
me hizo llamar a su infeliz comarca…
Magnánimo señor, tú eres mi padre,
y a tu palacio llego…
OLLANTA
No te aflijas,
yo te daré el empleo que te cuadre,
y una tropa selecta haré que rijas.
Curaré tus heridas con mi mano,