Ollantay
Ollantay Estrella: ¡Oh, reina mía! ¡Oh, madre mía! ¿Cómo he de contener mi llanto y mis gemidos, si el hombre a quien adoro, ese esposo tan deseado, no piensa en mí, y me abandona días y noches enteras, sin ocuparse de mi juventud? Aparta de mí sus ojos y ya no me busca. ¡Oh, reina mía! ¡Oh, madre mía! ¡Ah, esposo tan querido como deseado! Hasta que llegue el día de unirme a ti, para mí no brillará la luna, el sol no tendrá aurora; las nubes, teñidas de púrpura poco antes, han tomado el color de seca y fría ceniza; las estrellan palidecen y lloran como yo, y, si cayese agua del cielo, mis ojos, enrojecidos por el llanto, creerían ver una lluvia de sangre. ¡Oh, reina mía! ¡Oh, madre mía! ¡Oh, esposo mío tan deseado!