Ollantay

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ESCENA IV

Bosque en los alrededores de Cuzco

MONÓLOGO DE OLLANTAY

Ollantay: ¡Ollantay! ¡Desdichado Ollantay! ¿Cómo te dejas abatir por aquel a quien tanto tiempo has servido, tú, el señor de tantos países? ¡Oh, Estrella de mi dicha; acabo de perderte para siempre! ¡Qué vacío siento en mi alma! ¡Oh, princesa mía! ¡Oh, paloma mía! ¡Oh, Cuzco, la bella ciudad! Desde hoy seré tu enemigo implacable. Abriré tu seno para arrancarte el corazón y arrojarlo a los buitres. ¡Ya verá tu cruel rey! Reuniré a miles de mis andinos, y seducidos y armados por mí, los guiaré hacia el Sachaïhuaman, amenazándole desde allí como una nube de maldición. Cuando el fuego enrojezca el cielo y tú duermas sobre tu lecho ensangrentado, tu rey perecerá contigo, y una vez abatido, verá si mis yuncas son poco numerosos. Y cuando le ahogue entre mis brazos, veremos si su boca inanimada me dice todavía: —«¡No eres digno de mi hija! ¡No la poseerás nunca!». Y no me humillaré más ante su altiva presencia para pedírsela de rodillas. ¡Entonces seré yo el rey y ley será mi voluntad! Entretanto, prudencia.


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