Ollantay
Ollantay El Jefe Montañés: Bendito mil veces, ilustre rey, el honor que me haces.
Hanco-Huaillo: Hé aquí al valiente (?) armado de los pies a la cabeza y erizado como un puercoespín. Así es como debe ser el valiente Valiente.
(Volviéndose hacia Valiente): Jamás tus enemigos te han visto por la espalda. ¡Hombre de la Puna, no vayas ahora a huir y temblar como un arbolillo!
El Jefe Montañés: Oid, guerreros de los Andes. Ya tenemos un rey. Sabed que de hoy en adelante es preciso sostenerlo valerosamente. Dícese que el viejo rey del Cuzco convoca a sus guerreros, atrayéndose hábilmente a los jefes, para hacer partir su ejército contra nosotros. El Cuzco en masa va a invadir el seno de nuestra montaña con el intento de matarnos e incendiar nuestras moradas. No hay que perder ni un día. Convocad a todos los montañeses y tened dispuestos los equipos del ejército sin pérdida de tiempo. Levantad en Tambo murallas, no dejando más que una salida sobre la montaña. Moled en el mortero yerbas venenosas en abundancia para empozoñar nuestras flechas, y así la muerte los alcanzará con más celeridad que el dardo que los hiera.