Ollantay

Ollantay

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Bella: Compañera Salla, siempre me dices lo mismo y me repites iguales consejos. Voy a abrirte mi corazón y a hablarte sin fingimientos: este encierro, este palacio, son para mí insoportables. Aquí encerrada, la ociosidad me oprime, y cada día maldigo mi destino. La presencia de esas viejas de rostro severo me es odiosa. Y sin embargo, desde el rincón donde me hacen sentar, no veo más que a ellas. Ningún placer en este sitio; no se ven más que ojos lacrimosos. Si de mí dependiese, nadie estaría ya aquí. A todos los que pasan los veo reír de tan buena gana, que no parece sino que llevan la felicidad en sus manos. ¿Y a mí se me encierra acaso porque no tengo madre, y lisonjeándome con la idea de ser una rica novicia, se me quiere obligar a establecer aquí mi nido? Paseábame pensativa por el jardín la noche última. De pronto, en medio del profundo silencio de la noche, oigo a una desgraciada llorar y lamentarse amargamente. «¡Que no pueda morir!» exclamaba, hablando consigo misma. Miro a todos lados y siento erizarse de espanto mis cabellos. Llamo, temblando: «¡Quien quiera que seas, respóndeme!» digo. La voz desolada murmura estas palabras: «¡Sol, arráncame de aquí!» en medio de suspiros y sollozos espantosos. Busco en uno y otro lado sin descubrir a nadie. Sólo el viento, que gime en las hierbas, sigue mis pasos, y como él, lloro. Mi corazón, rebosando de dolor, quiere romper mi pecho. Sólo el recuerdo de esta noche me hace estremecer de espanto. He ahí por qué, hermana Salla, si el dolor ha establecido su nido en este sitio, es porque está regado con lágrimas. Sábelo, querida compañera, y en adelante no me hables más y no me invites a habitar aquí. Esta elección me sería odiosa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker