Ollantay
Ollantay El Astrólogo: El corazón que recibí del Sol está lleno de clemencia.
El Rey Yupanqui: Tienes la palabra, Ojo-de-Piedra.
Ojo-de-Piedra: Un crimen tan enorme se ha castigado siempre con la muerte. Es el único medio, ¡oh rey!, de prevenir mayores atentados. Que todos sean inmediatamente atados a cuatro tacarpus[119], y así sean arrastrados por sus mismos vasallos. Disparen luego sus flechas los guerreros de todo el país sobre sus tenaces secuaces, y venguen así la muerte del rey tu padre en la sangre de aquéllos.
Pie-Ligero: ¡Así sea, y para siempre perezcan todos los andinos! ¡Sean arrojados esos hombres en una gran hoguera de ramas encendidas!
Ojo-de-Piedra (A Pie-Ligero): ¡Calle el hombre! Rodando como una piedra, se ha convertido en piedra mi corazón.
El Rey Yupanqui: ¿Habéis oído que los tacarpus han sido preparados ya para vosotros? ¡Llevaos a esos traidores, y que todos perezcan!
Ojo-de-Piedra: ¡Arrastrad al punto a esos tres hombres al lugar de la ejecución! ¡Precipitadlos a todos desde lo alto de las rocas, uno tras otro!
El Rey Yupanqui (A los verdugos): ¡Quitadles esas ligaduras!