Ollantay
Ollantay ORCCO-HUARANCCA.— Ya están aquà treinta mil antis entre los cuales no se encuentra un cobarde, ni un inválido. El capitán Marutu saldrá con los antis de Huillca-Pampa, hasta las orillas de la confluencia del Qqueru, donde estará emboscado con su ejército hasta que se le avise. El noble Chara ocultará igualmente su gente en la ribera opuesta hasta mi llamada. Diez mil antis dormirán en los graneros de Chara, y tendremos en el valle de Pachar otras diez tribus. Aguardaremos que entren los cuzqueños sin tomar la iniciativa; cuando todos estén adentro, cerraremos la entrada y se verificará una inundación. Al sonido de las bocinas, los cerros lanzarán peñascos, las piedras caerán como granizo, las galgas rodarán sepultando todo lo que encuentren a su paso. Éste ha de ser su castigo. En cuanto a los fugitivos, los unos morirán en nuestra manos y los demás sucumbirán al veneno de nuestras flechas.
TODOS.— ¡Muy bien! ¡Muy bien!
(Vanse OLLANTA y ORCCO-HUARARICCA con sus séquitos por lados opuestos).