Ollantay
Ollantay PITU-SALLA vuelve con una bujÃa, una copa de agua y alimentos.
PITU-SALLA.— Ya es hora, levántate y tapa esta luz. (Vase con IMA-SÚMAC hacia la puerta de una caverna; ábrela). He aquà la princesa a quien tu corazón busca. ¿Cesa ya de palpitar?
IMA-SÚMAC.— ¡Ay de mÃ! ¡Qué dolor! ¡Qué veo! ¿He buscado por ventura un cadáver? ¡Me espanto de miedo! ¿Has custodiado acaso un muerto? (Se desvanece).
PITU-SALLA.— ¡Qué me pasa! ¡Ima-Súmac! ¡Palomita! ¡Vuelve en ti, en este instante!… ¡Doncellas! ¡Auxilio!… (IMA-SÚMAC revive). No temas, hermana, no es muerto quien llora, es una princesa que en este lugar se lamenta.
IMA-SÚMAC.— ¿Vive todavÃa aquella mujer?
PITU-SALLA.— Acércate, auxÃliame, mira que todavÃa vive. Alcánzame agua y aprieta bien la puerta. ¿Por qué no te alimentas hermosa princesa? Aquà tienes agua y comida; descansa un poco, que ahora regresaré.
IMA-SÚMAC.— ¿Quién eres hermosa paloma, que estás aquà prisionera?
PITU-SALLA.— Come algo todavÃa, no sea que te desmayes.
CUSI-CCOYLLUR.— Después de tantos años sin ver más que tu cara, me traes ese rostro nuevo, y me siento feliz.