Ollantay
Ollantay RUMI-ÑAHUI.— Siendo esta grande traición, el castigo debe ser el último suplicio. El Inca enrostra muchos crÃmenes a esta gente; asÃ, que se les ate de uno en uno, ahora mismo, a cuatro estacas para que todos sus siervos pasen por encima de estos traidores; y que su ejército sea traspasado a flechazos, en castigo de su rebeldÃa. De este modo se vengará con sangre la muerte de sus padres.
PIQUI-CHAQUI.— Asà se ha de destruir la nación anti; que se haga también una hoguera para quemar su gente.
RUMI-ÑAHUI.— ¡Calla!, si no te he de lanzar una piedra, pues ahora tengo corazón de piedra.
TÚPAC-YUPANQUI.— Habéis oÃdo que se ha mandado que muráis en la estaca. ¡Condúcelos acá! ¡Muerte a los traidores!
RUMI-ÑAHUI.— ¡Arrastrad a esos traidores al lugar donde deben ser escarmentados! ¡Estiradlos! ¡Arrastrad, arrastradlos hechos pedazos!