Robin Hood
Robin Hood Una vez en casa de su hermano Roberto de Rainault, sheriff de Nottingham, el padre Hugo narró a aquél toda su aventura, sin omitir más que la verdadera razón del viaje. Asà convenÃa a su habilidad de leguleyo…
—No se trata solamente del peligro que la existencia de ese hombre significa para todo viajero, pues a cualquiera le puede pasar lo que me pasó a mÃ, sino que su osadÃa ha llegado a herir mis intereses, que en cierto modo son también los tuyos, puesto que serás mi heredero, y a menoscabar y poner en riesgo de perderse del todo mi autoridad de patriarca en este condado.
Y, a continuación, narró a su hermano el rapto de Mariana, que habÃa echado al traste con sus proyectos para quedarse con parte de la sabrosa herencia de la niña, compartiéndola con el señor de Bellame.
—Tú comprenderás —terminó— que cuando esa niña llegue a la mayorÃa de edad dispondrá de todo lo suyo de acuerdo a las exigencias del bandido, que ha sabido apoderarse de su voluntad y, según me han dicho, también de su corazón. Y ves que si no es rescatada rápidamente, todo estará perdido para nosotros. Y ésa es tarea tuya, que dispones de la fuerza necesaria…
—No es tarea de niños; sobre todo cuando se recuerda la historia de aquellos cuarenta y siete hombres al mando de Gisborne, despojados de sus armaduras paseando en camisa por las calles de la ciudad.
