Robin Hood
Robin Hood Hallábase todavía a una milla de la cabaña de Robin la comitiva capitaneada por Guy de Gisborne cuando la penetrante mirada de aquél distinguió claramente quién la mandaba.
La circunstancia de que el tirano señor llegara acompañado por el guardabosque Herberto, y la muerte del ciervo, delito que él mismo acababa de encubrir, le hicieron comprender cuál era el objeto de la tropa que se acercaba. No hubo lugar a dudas de que se trataba de una expedición punitiva, que saciaría la sed de odio que contra él alimentaba Gisborne, con el pretexto del encubrimiento evidente del crimen de Sibald.
Sin perder un ápice de la calma que era una de sus principales características, entró en la casa y comenzó a prepararse para lo que viniera. Confiaba en su habilidad, en su fuerza y en las de su lugarteniente Will Scarlett, a quien informó enseguida de sus temores. Éste reunió pronto a sus hombres, cuando Guy de Gisborne se hallaba aún a media milla de la cabaña.
Sibald, el esclavo, apercibido también de que algún peligro correría su protector, llegó corriendo agitadamente y, echándose a los pies de Robin, gritó, más que dijo:
