Robin Hood
Robin Hood —Como ya te conté, el cura estaba en un convento de Kirkless, pero demasiado libre en su modo de ser y hasta de pensar para someterse a las disciplinas conventuales, y un buen dÃa, dejando el convento, sin previo aviso, se fue a Sheffield, de donde pasó a la ciudad de Nottingham. Allà estuvo algún tiempo perdido en el bullicio y el ir y venir de los negocios, de la polÃtica y de la guerra, hasta que, olvidados ya de él los monjes de Kirkless, se estableció en el campo, haciendo religión a su manera. Hallar el sitio donde mora es fácil: no hay más que seguir el curso de un arroyo que corre apenas pasada la AbadÃa de Santa MarÃa; unas tres millas más de camino y encontrarás al buen ermitaño, seguramente pescando en el arroyo en busca de algún rico salmón, en cuya preparación es tan hábil como en su pesca. Y no vayas a creer que sólo de pesca vive, porque dicen que más de un ciervo caza a la luz de la luna…
—¡Por cierto que es un raro ejemplar de sacerdote! Seguramente como no hay otro igual. Y mucho me gustarÃa conocerlo y hasta tenerlo en mi compañÃa ejerciendo su ministerio en mi banda, porque a fe que debe ser muy comprensivo y simpático. Iré a verlo en cuanto pueda y trataré de convencerlo para que abandone su soledad.