Textos hermeticos
Textos hermeticos 1Difícil es conocer a Dios e imposible de expresar para quien pueda conocerlo[1], porque es imposible que lo corpóreo capte lo incorpóreo, y que lo imperfecto comprenda lo perfecto. Difícil es que lo efímero tenga relación alguna con lo eterno, porque éste es siempre mientras que aquél transcurre, uno es en verdad, el otro es una fútil silueta de la fantasía[2], y hay tanta diferencia del más débil al más fuerte, del menor al mayor, como de lo mortal y lo divino.
2Ese alejamiento entre ambos empaña la visión del bien, pues si los cuerpos son visibles con los ojos y lo percibido puede expresarse con la lengua, por el contrario, lo incorpóreo, invisible, sin figura y no constituido de materia, no puede ser aprehendido por nuestros sentidos[3].
¡Veo, Tat, veo en mi pensamiento[4]!, el que es imposible de explicar, ése es Dios.