Tristan e Iseo
Tristan e Iseo —Señora —le responde el rey—. Mientras yo viva nadie osará mencionar vuestro nombre si no es para alabaros. Ruego al Rey, vuestro señor, que nunca vuelva a escuchar a los traidores.
—Si algún dÃa lo hago —dice Marcos—, caiga sobre mà vuestro oprobio.
Los dos reyes se separan. Arturo marcha a Durelme, Marcos emprende el camino de la corte. Los cortesanos los despiden. Iseo sonrÃe feliz y envÃa en secreto a su fiel PerinÃs a casa del florestero Orri para dar cuenta a su amigo de cómo transcurrió el dÃa.