Upanishads

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El Espíritu del hombre tiene dos moradas: este mundo y el mundo más allá. Existe también otra tercera morada: el país del dormir y de los sueños. Descansando en esta frontera, el Espíritu del hombre puede divisar su morada en este mundo y en el otro mundo más allá y, vagando por esta frontera, contemplar tras de sí las penas de este mundo y ver ante él las dichas del más allá.

SUEÑOS

Cuando el Espíritu del hombre se retira a descansar, se lleva consigo materiales de este mundo que todo lo contiene, y crea y destruye con su propia gloria y esplendor. Entonces el Espíritu del hombre brilla con su luz propia.

En ese país no hay carros, ni tiros de caballos, ni caminos; pero él crea sus propios carros, sus tiros de caballos y sus sendas. No existen alegrías en esa región, ni placeres, ni delicias; pero él crea sus propias alegrías, sus propios placeres y sus delicias. En ese país no hay lagos, ni estanques de loto, ni ríos; pero él crea sus propios lagos, sus estanques de loto y sus ríos. Porque el Espíritu del hombre es Creador.

Se dijo en estos versos:

Abandonando su cuerpo por el portal de los sueños, el Espíritu percibe cómo duermen sus sentidos. Entonces recobra su propia luz y retorna a su hogar, este Espíritu de resplandor dorado, eterno cisne errante.


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