Safari. A la caza de tu amor
Safari. A la caza de tu amor Esa noche, Noa salió al balcón de su habitación y se sentó en el suelo, mirando las estrellas que brillaban con una claridad imposible. En su interior, algo luchaba por emerger. Era incómodo, aterrador, pero también necesario.
Desde su propio balcón, Alonso la observó por un momento antes de volverse hacia el interior de su habitación. No sabía por qué, pero por primera vez desde que la había conocido, sintió algo parecido a la esperanza.
En el vasto silencio de la sabana, los ecos de sus propios miedos empezaban a encontrar una respuesta.
El jeep avanzaba a trompicones por un terreno cada vez más hostil. Las acacias retorcidas se alzaban como sombras amenazantes bajo un cielo que parecía cargado de promesas rotas. Noa sujetaba el borde del asiento con fuerza, cada bache recordándole lo frágil que era todo en este lugar. Frente a ella, Alonso conducía con una calma que la irritaba tanto como la fascinaba.
—¿A dónde exactamente me estás llevando? —preguntó finalmente, su voz afilada.
—Hay algo que necesitas ver —respondió él sin apartar la vista del camino.
Noa bufó. —¿Es otro de tus ejercicios de humildad, o realmente hay un propósito detrás de esto?
