El mundo de Guillaume Apollinaire
El mundo de Guillaume Apollinaire El creciente y justificado ascenso de la popularidad y la dimensión de Apollinaire hizo que, después de la muerte del poeta, se tratara de recopilar en volúmenes lo mucho de su obra que había quedado desperdigado aquí y allá, tanto en sus proyectos truncados como en sus numerosas y constantes colaboraciones periodísticas. Entre esos libros póstumos se destaca Hay, prologado nada menos que por Ramón Gómez de la Serna, y que fue editado en París por Albert Messein en 1925. El libro incluye verso y prosa, y aunque los poemas —sin desmerecerlo— no superen lo ya alcanzado en Alcoholes y Caligramas, sí resultan altamente significativos para completar la percepción de este poeta extraordinario. Percepción que se ensancha enormemente, en sus irradiaciones culturales y estéticas, a través de los numerosos textos en prosa que completan el volumen. Junto a dos «prosas de guerra» escritas justamente en 1917, se reúne un notable conjunto de trabajos dedicados a pintores (especialmente) y escritores contemporáneos. En ambos casos, el juicio de Apollinaire resulta profético y no pierde nunca su certera certeza. Basta, para comprobarlo, leer los textos reunidos en esta misma antología, que permiten comprobar cómo su atinada aprehensión de la pintura nueva no ha perdido nada de su eficacia, así como trasmite a la vez una visión artística y humana del gran Alfred Jarry, en forma hasta desopilante (muy a la altura de las circunstancias), y sin dejar de retratarse al hacerlo él mismo.
