El mundo de Guillaume Apollinaire
El mundo de Guillaume Apollinaire El gran público de hoy resiste las obras de los jóvenes pintores, de igual modo que el público de 1880 las obras de Renoir. Llega hasta a tratarlos de bromistas y cuando mucho condesciende a veces a decir que se equivocan.
Ahora bien, no se conoce en toda la historia de las artes una sola mistificación colectiva, no ya un error artístico colectivo. Hay casos aislados de mistificación y de error, pero no podrían existir colectivos. Si la nueva escuela de pintura nos presentara uno de esos casos, sería un acontecimiento tan extraordinario que se lo podría llamar un milagro. Concebir un caso de esa clase, sería concebir que bruscamente, en una nación dada, todos los niños nacieron privados de cabeza o de una pierna o de un brazo, concepción evidentemente absurda. No hay errores ni mistificaciones colectivas en arte, no hay más que distintas épocas y distintas escuelas del arte. Todas son igualmente respetables y según las ideas que uno se ha hecho de la belleza, cada escuela artística es sucesivamente admirada, despreciada y de nuevo admirada.
Por mi parte, admiro extremadamente la escuela moderna de pintura porque ella me parece la más audaz que haya existido nunca. Ella ha planteado la cuestión de lo bello en sí.